El entrenamiento de fuerza se ha convertido en una herramienta fundamental para mejorar la salud, el rendimiento físico y la calidad de vida. Sin embargo, hay una parte del cuerpo que a menudo pasa desapercibida en este tipo de entrenamiento: el suelo pélvico. Desde la fisioterapia, cada vez se insiste más en la necesidad de integrarlo y cuidarlo correctamente, no solo para prevenir problemas, sino también para optimizar el rendimiento.
¿Qué es el suelo pélvico y por qué es importante?
El suelo pélvico es un conjunto de músculos y tejidos que cierran la parte inferior del abdomen, sosteniendo órganos como la vejiga, el útero (en mujeres) y el recto. Además, cumple funciones clave como:
- Mantener la continencia urinaria y fecal
- Estabilizar el core junto con el abdomen y la musculatura lumbar
- Participar en la función sexual
- Adaptarse a los aumentos de presión intraabdominal
Cuando entrenamos fuerza —especialmente con cargas altas— el suelo pélvico juega un papel esencial en la gestión de la presión interna del abdomen. Si no funciona correctamente, pueden aparecer disfunciones.
Relación entre suelo pélvico y entrenamiento de fuerza
Durante ejercicios como sentadillas, peso muerto o levantamientos olímpicos, se genera un aumento significativo de la presión intraabdominal. Si el suelo pélvico no está preparado para gestionar esa presión, puede verse sobrecargado.
Un suelo pélvico fuerte y funcional no solo previene problemas, sino que también mejora la transferencia de fuerza y la estabilidad global del cuerpo. Es decir, no es un “limitante”, sino un aliado del rendimiento.
Mitos frecuentes sobre el suelo pélvico y la fuerza
❌ “Levantar peso es malo para el suelo pélvico”
Este es uno de los mitos más extendidos. La realidad es que el entrenamiento de fuerza bien ejecutado no es perjudicial. El problema no es el peso, sino cómo se gestiona la carga, la técnica y la presión.
❌ “Si tienes pérdidas de orina, debes dejar de entrenar”
Las pérdidas no son normales y tampoco una razón para abandonar el ejercicio. Son una señal de que algo no está funcionando correctamente y de que es necesario valorar y tratar el suelo pélvico.
❌ “El suelo pélvico solo importa después del embarazo”
Aunque el embarazo es un factor importante, cualquier persona puede tener disfunciones del suelo pélvico: hombres, mujeres jóvenes, deportistas, etc.
❌ “Hacer Kegels es suficiente”
Los ejercicios de Kegel pueden ser útiles, pero no son la solución universal. El suelo pélvico debe trabajar de forma coordinada con el resto del cuerpo, especialmente con la respiración y el core.
Claves desde la fisioterapia para entrenar de forma segura
- Aprender a gestionar la respiración: evitar bloqueos excesivos (como el Valsalva mal ejecutado) sin control
- Coordinar suelo pélvico y abdomen: activar y relajar de forma funcional, no mantener una contracción constante
- Progresar la carga adecuadamente: respetar niveles y adaptaciones individuales
- Escuchar las señales del cuerpo: pérdidas, sensación de peso o molestias no deben ignorarse
- Individualizar el entrenamiento: cada persona tiene necesidades distintas
Señales de alerta a tener en cuenta
- Pérdidas de orina al entrenar
- Sensación de pesadez o “bulto” en la zona vaginal o perineal
- Dolor en la zona pélvica o lumbar asociado al ejercicio
- Dificultad para controlar la respiración durante esfuerzos
Si aparece alguna de estas señales, es recomendable acudir a un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico.
Cuidar el suelo pélvico no significa dejar de entrenar fuerza, sino hacerlo mejor. Integrarlo en el entrenamiento no solo previene disfunciones, sino que también mejora el rendimiento y la eficiencia del movimiento. El suelo pélvico no es un “punto débil”, sino una parte fundamental del sistema que, bien trabajada, puede marcar la diferencia en tu salud y en tu rendimiento deportivo.
«La clave está en la educación, la técnica y el acompañamiento profesional.»
